Un paseo por la playa era una pérdida de zapatos, una tortura deseada, un dulce desastre con pies sin cabeza. Con ello llegaría el todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo.
Llamaba el frío invierno a las ventanas y traía un silencioso aire. No fue excusa para quitarme los guantes y darte la mano. Sin lluvia que nos dejara en casa, fueron pasando los minutos. Una parada tras otra en los cafés de la ciudad se convirtieron en sal y limón durante la noche. Los dueños de la calle nos dieron permiso para pasar, gritar y bailar mientras la luna desenchufaba las farolas a nuestro paso. Todas las luces mudaron la piel para ser sombras. Qué golfas mis manos y qué bien tu voz pidiendo más. El buenos días estaba de nuestra parte, sin duda.
Todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si tú hubieses mirado al cielo, espejo de tus ojos, y yo hubiese cerrado el libro a tiempo, sin haber pasado la página.
Llamaba el frío invierno a las ventanas y traía un silencioso aire. No fue excusa para quitarme los guantes y darte la mano. Sin lluvia que nos dejara en casa, fueron pasando los minutos. Una parada tras otra en los cafés de la ciudad se convirtieron en sal y limón durante la noche. Los dueños de la calle nos dieron permiso para pasar, gritar y bailar mientras la luna desenchufaba las farolas a nuestro paso. Todas las luces mudaron la piel para ser sombras. Qué golfas mis manos y qué bien tu voz pidiendo más. El buenos días estaba de nuestra parte, sin duda.
Todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si tú hubieses mirado al cielo, espejo de tus ojos, y yo hubiese cerrado el libro a tiempo, sin haber pasado la página.






