domingo, 1 de febrero de 2015

Ayer




   Fueron tres las noches que la luna me acompañó al lago sin nombre, donde iban las dudas cogidas de imperdibles a su camisa de cuadros. Ya lo decía un Don usted, que esperando de pie quitaba de los charcos toda la sed. Siempre jugando con los hilos de mi imaginación para llegar a una mejor primavera con vino en la mesa. Perdido en la azotea de mi pequeño piso sin puerta, en esta altura como un saxofón esquinado en la noche más jazz de la estantería.

   Dicen los callejones que le has quitado a todos los ladrones las ganas de recoger sin siembra, que no se atreven a decir tu nombre por temor a que fueses ese papel que se mueve con el viento. Se ha ido el sol y estás a punto de salir a ocupar el cielo. Los fantasmas comienzan a colarse entre las sabanas y la luz se apunta en la factura de las luciérnagas que ahora vuelan. Devuelve los requiebros que las chicas te reclaman y vuelve todas las noches a ser un puzzle sin receta.

   Supongo que serás culpable de mi locura hasta que hable por última vez. Por eso, cuando me vaya, diré que me quedo con tu mirada pidiendo un poco más de mí y de ayer.








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