
Es una sensación agradable la brisa calurosa cuando te roza la cara al atardecer. Tocas tu pelo y lo peinas un poco, tragas saliva y sonríes. En ese momento las golondrinas dibujan su última silueta del día en el cielo. El tiempo es único y tuyo. ¿Es verdad que no podré estar aquí algún día?
Nunca limitarnos a nuestro universo, para poder nadar en el de los demás. Empaparnos del color de sus ojos, oler la piel, escuchar sus palabras, leer sus mentes. Abrir nuestra puerta y dejar pasar lo bueno de cada uno. Sabes que es real, aunque no se toque con las manos. Así la luna baja del cielo porque se siente invitada, así las luces de nuestro interior se encienden.
Así es como bailamos tú y yo, así es como se llama la suerte.