martes, 30 de diciembre de 2014

Farolas






   A cámara lenta y sin caer, sentado sobre un bordillo veía el horizonte. Con poco dinero y muchas ganas, con unas zapatillas sin marca y unos vaqueros rotos, recordaba. Como polizón me colaba en tu cama, que tan lejos me llevaba. Allí al oído me pedías que me imaginase delante de mi hoja para darle vida a mis dedos escribiéndote unas letras. A veces no querías comprender lo grande que eres, lo grande que nos haces cuando metes tu mano en mi bolsillo durante este invierno frío. Invierno que, como ya vimos, acaba llegando. Uno más es uno menos. Eso siempre fue así, pero esta vez el cielo tiene otro color. Un color parecido a ti, a tu mirada.

   No quiero levantarme a luchar contra todas las mentiras que están fuera esperando mis razones sin sentido. Encendiendo y apagando farolas, haciendo trampas al hacer la cama, buscando las copas de Ponce de León. Aunque sí café amargo en la cocina, tu olor en mi chaqueta, canciones populares de camino a tu cuerpo contra el mío.

   Una puerta en un portal se abrirá y yo me quedaré desde el pasillo escuchando tus palabras entre ensayos y bailes. Sonriendo a media boca, para guardar la otra media por si mañana no estuvieras, chica.