A menudo bajaba a la playa, se quedaba
esperando a que llegase la pequeña y agradable brisa de verano. Daba con el pie
descalzo el primer paso en la fría arena. Pequeñas olas terminaban su recorrido
en la orilla, junto a un alto y antiguo muro que allí quedaba plantado, dando
rienda suelta a la imaginación al ver su forma en aquella aparente y desierta
oscuridad. Se disponía a sentarse, estiró una toalla con cuidado para apoyarse
y no llenar los bolsillos de los vaqueros de arena, le gustaba llevar
puesta la capucha de su sudadera. Miraba al frente, donde la luna hacía acto de
presencia. No creía en los cuentos, aunque le gustaba inventar historias:
"Suelo fijarme en todos
los detalles, que no se me escape algo que me lleve a recordarte. Me echaron
del cielo y no me quieren en el infierno por vender las primaveras. Ya no me
quieres, ya no me tocas, siempre te vas."
Firmó el trozo de papel, lo metió
en una botella y la cerró, se levantaba con el propósito de tirarla al agua. De pronto, un escalofrío recorrió su cuerpo, pues estaba allí,
cerca. Una figura se acercaba con paso torpe y nervioso. En un impulso tiró finalmente
la botella con tanta fuerza como pudo, lo que hizo que la figura soltase un
alto y fuerte grito que quebró el silencio. Mientras salía corriendo tras ella introduciéndose
en el agua, ambos se perdieron ahogados
en el profundo del horizonte.
-Que todos los miedos llegasen así a su fin.- Pensó mientras volvía a casa.