jueves, 8 de octubre de 2015

Un cielo en el espejo





   Un paseo por la playa era una pérdida de zapatos, una tortura deseada, un dulce desastre con pies sin cabeza. Con ello llegaría el todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo.

   Llamaba el frío invierno a las ventanas y traía un silencioso aire. No fue excusa para quitarme los guantes y darte la mano. Sin lluvia que nos dejara en casa, fueron pasando los minutos. Una parada tras otra en los cafés de la ciudad se convirtieron en sal y limón durante la noche. Los dueños de la calle nos dieron permiso para pasar, gritar y bailar mientras la luna desenchufaba las farolas a nuestro paso. Todas las luces mudaron la piel para ser sombras. Qué golfas mis manos y qué bien tu voz pidiendo más. El buenos días estaba de nuestra parte, sin duda.

   Todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si tú hubieses mirado al cielo, espejo de tus ojos, y yo hubiese cerrado el libro a tiempo, sin haber pasado la página.