Llaman las malas palabras por la puerta de atrás, diciendo que se les abra para poder matar. Donde viven los días sin ganas de andar y calmar al viento. Ya no se tiran los dados al azar, pues vale más un abrazo a tiempo, que un perdón tardar.
Corría a buscarla ansioso, los niños del cole no se portaban demasiado bien. Una vez más comenzaba el juego preferido de las sombras, imitando todo lo que se movía. Qué mentirosos fueron los árboles al decir que por allí no pasaste. Pude ver cómo me mirabas desde lejos, como si no nos conociéramos y, sin embargo, qué bien sabías. Dime dónde estarás cuando el sol toque el agua y los lobos salgan a llamarte.
Nos encanta quedarnos hasta tarde y que vuelen los lunares al cielo lunar, como dos gatos que cruzan sin mirar. Pintadas tus uñas sobre la mesa y un sí a que estaremos de camino a nosotros. Sigue dándome vida con el abrir de cada persiana, que le contaré a los planes que vamos juntos porque, sin ti, no hay quién.
