martes, 21 de febrero de 2012

Roma


 Hoy me di cuenta de que si lees "Roma" al revés aparece el amor.

Eso de "Puedo parar un tren, revivir a un muerto, dar la vuelta al mundo en un segundo... Pero no me pidas que me olvide de ti."
O también aquello de "Sin duda alguna para encontrarte, primero hay que perderse."
Lo de "Tienes pasta de dientes... Justo aquí."

Y es cierto que me cueste recordar el por qué escribo esto aquí.
Antes pensaba que lo hacía porque no quería ser momificado, pero tú me das vida.
Después pensé que era por un "nosotros" y te ausentaste para irte a una tal luna.
Por último, sin duda el más sólido de los tres argumentos, creía que no se acabaría el frío de este invierno.

Seguiría pero no quiero llegar tarde a darte un beso para callarte la boca antes de que te dé tiempo a preguntarme si esto es por ti.

jueves, 2 de febrero de 2012

Delgadas líneas


Desde luego esa mañana no olía a café. Entraban los primeros rayos de sol por la ventana, estaban abrazados, su perfume se había imprimido en la almohada.
Si no se levantaba llegaría tarde a su compromiso, de hecho ya llegaba tarde.
Una ducha rápida y lo primero que pillaría del armario, sin desayunar y con prisas, eso sí, no se iría sin pensar en ella.
Papel y boli:

"Me quedan tres minutos para intentar convencerte de que te quedes aquí, de que fuera no hay nada más, de que no recojas tus cosas, de que no has pasado la noche conmigo en vano y de que... Bueno esperaba que me quisieras por todos los besos que nos dimos en la espalda. 
Por favor, no te vayas."

Ojalá todos los días tropezásemos con la cama para caer juntos sobre ella. -Pensó mientras cruzaba la calle.

Pasaron millones de segundos y fue como estar en otro país. A veces pasándolo bien y otras también.
Ahora prefería levantarse siempre primero para poder verla dormir un rato más y después salir de la habitación.
A partir de aquel día, siempre olía a café por las mañanas mientras ella se duchaba.