jueves, 2 de febrero de 2012

Delgadas líneas


Desde luego esa mañana no olía a café. Entraban los primeros rayos de sol por la ventana, estaban abrazados, su perfume se había imprimido en la almohada.
Si no se levantaba llegaría tarde a su compromiso, de hecho ya llegaba tarde.
Una ducha rápida y lo primero que pillaría del armario, sin desayunar y con prisas, eso sí, no se iría sin pensar en ella.
Papel y boli:

"Me quedan tres minutos para intentar convencerte de que te quedes aquí, de que fuera no hay nada más, de que no recojas tus cosas, de que no has pasado la noche conmigo en vano y de que... Bueno esperaba que me quisieras por todos los besos que nos dimos en la espalda. 
Por favor, no te vayas."

Ojalá todos los días tropezásemos con la cama para caer juntos sobre ella. -Pensó mientras cruzaba la calle.

Pasaron millones de segundos y fue como estar en otro país. A veces pasándolo bien y otras también.
Ahora prefería levantarse siempre primero para poder verla dormir un rato más y después salir de la habitación.
A partir de aquel día, siempre olía a café por las mañanas mientras ella se duchaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario