Cerró los ojos... Esa capacidad entró en acción:
Árboles, lobos, cabellos rojos, cielo, vaqueros, botas, agua... Miradas, muchísimas.
Cuando caía la noche, sonaban esas canciones. Podía dirigirse hacia el bosque, ellos le esperaban siempre y el frio desaparecía, nunca más pensaría en los pinares con nieve y en los pies descalzos.
Sólo caerían estrellas de un cielo negro y los abrazos se pagarían con imaginación.
Jamás volvería a ser de día.
Era la mezcla perfecta, donde quería estar cada día de su vida.