Superior a las fuerzas de los imperios y a las de una madre. Como soles de noche y de día, donde se busca el medio lleno de los vasos para tildar cada uno de sus lunares. Con una palanca de cambios como eje del mundo, como la resaca de mañana cuando el sueño acabe de empezar. Fue imposible de atrapar, pues ni el mismísimo silencio la vio nacer. Dicen algunos antiguos libros que no hay palabras para poderla nombrar, porque anda para perderse.
La duda ahora es si abrochar el último de los botones de mi camisa. Asomas a un lado del espejo y dices que no hay mejor canción juntos que la de nuestro habla y escucha, que las golondrinas se posan en el cableado de la calle para vernos pasar, esperando pan para hoy y ya veremos mañana. Que exprimamos los bordillos de las aceras hasta terminar de recorrer los mapas, que se quejen los vecinos de madrugada por el chillar de las voces a carcajadas, que le demos la vuelta al reloj cuando caiga toda la arena y no queden momentos de tira y afloja.
Susurrando al oído el secreto de las fotos, para que nadie sepa que no fui yo quien escribió esto, ni tú la que posaste desnuda.
