Es la primera vez que me asomo a esta ventana, desde donde se ven los taxis parar y los pájaros negros llaman. Dime que el aire pasará limpio y así tocará mi cara. Si viene la luna,
será una buena noche en la que encuentre un hueco donde quedarme eterno. Mis
dientes saldrán a sonreír al mundo. Quisiera perderme
para siempre sin mirar atrás y que cuando me encuentren, volvamos a
empezar. Qué bueno ser tan niños y pedir perdón sin más.
No importa que salpiquen los charcos, ni las manzanas mordidas a destiempo. Jugando a los malos en cada tienda de patatas fritas y sin pagar salir corriendo por las calles sin dueño. Una guitarra en la plaza pidiendo unas monedas al cesto, un minuto de silencio, un día sin suelo, un trozo de pan, un sueño perfecto, un techo que no moje la ilusión de sus manos.
Vendrá un naranja cielo para despedir este día, que se va a la cama hasta que vuelva a verte por primera vez en mi ventana.

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