miércoles, 30 de marzo de 2016

A ciegas




   Convencido de volver a descubrir el mundo, puso el primer pie sobre el mar interior de su cabeza. La curiosidad llenaba sus bolsillos y su mochila de carreteras. Sus ojos brillaban claros al sol, buscaban luz en la oscura luna. La blusa remangada y suelto el primer botón del ascensor que bajaba hacía el piso de los bailes y la magia que tienen los niños al hablar. "Quédate conmigo" leía en los carteles de "Se necesita personal". No eran iguales todos los bosques del camino, unos llenos de ramas, otros de andarse por ellas hacia camas con pechos almohadas, donde el ritmo del sueño lo marcaba el corazón. Qué bueno le parecía el veneno del tiempo, que tanto le quitaba sin devolver, pero que volvía único cada momento. Las velas mostraban las letras de los libros en las estanterías y el telón del escenario donde bailaban las máscaras. Bajó por las escaleras de atrás y tropezó con un delgado hombro.

   Ella Le confesó que le gustaría asistir la fiesta, él pensó que quería jugar a ser otra cara con los mismos ojos. "Te disfrazas de mí, me disfrazo de ti. Una suma genial".
   












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