Qué difícil se hace pelear todos los días contra el mundo. Espero siempre detrás de la puerta, que no me encuentren las canas de viejo. Buscando un cielo para mi techo, entretanto escribo como manco sin ideas. Cada letra es casi un paso torcido en este camino que busca tu suave nuca. La piel se eriza si mis ojos encuentran tus delgados hombros en cada callejón gris. Eres cuerpo cansado sin sitio para dormir, vienes y vas como las golondrinas.
A veces miro hacia las casas que están en el fondo, justo donde el sol se esconde. Apoyo mis codos en el bordillo y echo el peso sobre él. ¿Dónde irá a parar todo eso que pensamos y que no decimos? Puede que se quede en el aire, que se queme en las hogueras, que se enlace en el dedo que pasea por tu espalda.
Hoy, una vez más, no doy con tus huesos aunque esté a oscuras. Voy de vuelta a casa con diez chapas en el bolsillo, sin dinero, famélico. No queda carrete para otra foto tuya de espaldas, chica. Ojalá llegues antes de que se acabe la noche. Como antes, como entonces.
Alguien me llamó una vez adicto, quizás esté en lo cierto, será por tus pies descalzos y quedarme mirándolos desde atrás mientras te alejas. Esta vez me quedo aquí, sentado en la acera.
Que la luna cuide de un nosotros, nosotros no supimos hacerlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario