domingo, 25 de diciembre de 2011

Batalla


Recogía sus últimas cosas para abandonar la habitación 103. Se iría del hotel al atardecer, su vuelo salía en unas horas. Debía darse prisa, pues el aeropuerto no quedaba cerca de donde se alojaba. Recorrió el pasillo de la 3ª planta hasta llegar a los ascensores. No había pulsado aún el botón, cuando se acordó de que se olvidaba algo en la habitación. Volvió y entró de nuevo, fue a la terraza, en la mesa había una pulsera de la que colgaba un corazón de cristal del tamaño de una lágrima. De vuelta, ya delante del ascensor, pulsó el botón de llamada para que subiese. Tras unos instantes, sonó un timbre y se abrieron las puertas. Estaba ocupado por él. 
Seguramente se podría intuir lo que ocurriría después.
Con el tiempo cada uno tomó una dirección, pensado que al final los caminos se volverían a unir. No pasa nada, estaba hecho el uno para el otro... Pero al final solo ocurre una cosa: Llega el invierno.


"Si las películas siguieran después de la hora y media que duran, al final terminarían igual". Pensaron los dos.


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