Son los pies y los lunares disparados a quemarropa. Es la manera de llenar la casa con letras, el roto de los vaqueros cuando no los encuentras.
Lo difícil del camino no son los pasos, sino elegir con la piel. Que nunca me abandone el niño que hay dentro de mí, ni se escape Campanilla con otro humano desastre. ¿Quién va a curar de este mundo todos los males?
Subamos a las alturas, no te arrepientas ni sueltes tu manera de ver.
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