sábado, 14 de julio de 2012
Equinoccio
Todos tenemos un navío en el mar Caribe, una campanilla que cuida de nosotros.
También tuvimos que escoger alguna vez entre lobos o vampiros, entre morenas o rubias.
¿Y aquella vez que estuvimos tumbados en la playa?
Las heridas que madre curaba con besos y sana sana, los meses de verano eternos cuando niños.
Fuimos corazón satélite de alguien, amigos de quien compartía el palo de regaliz rojo.
Los besos regalados para los que decían verdades a medias, largas esperas para que llegase.
Canciones como leyes universales.
O eso de -odio en el pecho y amor en la sien-, y aquello de -nuevos días y buenos besos-.
Al fin y al cabo siempre queda la pregunta de dónde estaremos dentro de 365 días.
Esperaba poder escribir que daba igual el sitio, mientras estuvieses aquí conmigo, pero prefiero reventar esquemas y decir que te espero después de cenar sentado en un sueño.
Las cosas ocurren por algo...
... Lunas noches.
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